EL SISTEMA CARBONELL

Una exposición de Mercedes Carbonell, con palabras y orientación de J. M. Pereñíguez. Fotografías de Paula Alcaide.

Es casi un tópico considerar que el artista contemporáneo debe desarrollar su trabajo dentro de una esfera amplia de actividades e intereses. Esta idea, predominante en nuestros días, expresa un abierto recelo hacia los modos tradicionales de la práctica artística, abocados a la elaboración de productos, objetos u obras de arte. Por el contrario, se nos dice, los límites han romperse y el sentido o la información que esas obras contienen, hacerse extensivos a todo tipo de gestos, significaciones y actitudes que ya no tienen por qué realizarse en un lugar privilegiado o en un soporte a cuya contemplación estemos emplazados por tradición o convencionalismo.

De un modo completamente natural, el trabajo Mercedes Carbonell parece obviar el debate entre la convergencia de las disciplinas artísticas en una obra tradicional y la disolución contemporánea de la creatividad en un flujo constante de acontecimientos, públicos o privados. Ella es una artífice que disfruta haciendo cosas. Y, al mismo tiempo, entiende cabalmente el valor definitivo que adquieren esas cosas cuando consiguen fundirse con los gestos cotidianos y con la vida que las anima. Sin este baño de realidad, las rutinas de taller, los recursos plásticos y técnicos puestos en juego devienen una ceremonia vacía. Pero al mismo tiempo, sin toda esta liturgia, sin todo este esfuerzo, es imposible vincular la actividad interior con las circunstancias, convertirla en hecho y en revelación, mostrarla a uno mismo y a los demás. Ser reconocido efectivamente por lo que uno hace.

Mercedes parece siempre consciente de que hay una escisión, dolorosa y fértil a un tiempo, entre la creatividad que un individuo posee como potencial y el objeto formalizado a través del cual el espectador percibe esta capacidad creativa. En sus escritos o en sus manifestaciones públicas nos describe su propio impulso de crear casi como un ente autónomo, que es su ser más íntimo y, sin embargo, precisa ser examinado y encauzado cual si se tratase de una fuerza exterior. Así, su carrera, o mejor dicho, las sucesivas empresas que Mercedes ha encadenado (pintora a máquina, bordadora de dibujos, publicista de sí misma, autorretratista y, en la actualidad, retratista de niños), no son sino estrategias cuidadosamente trazadas con el fin de hallar un modo para que este potencial pueda hacerse visible y reconocible en cosas.

El sistema: Repetición y disciplina del retrato en la obra de Mercedes Carbonell

Cuando antes hemos caracterizado el trabajo de Mercedes Carbonell nos hemos referido a una sucesión de estrategias o empresas. En todas ellas hallamos pautas y patrones que nos animan a caracterizar su proceso como un sistema.

El sistema que podemos deducir de los distintos trabajos que Mercedes ha realizado opera con notable lucidez. En primer lugar se plantea como un claro examen de su situación personal: de qué recursos o de qué espacio se dispone, que habilidades se han de poner en juego, qué circunstancias pueden condicionarla, qué inconvenientes o qué molestias se pueden salvar, cómo se puede hacer llegar esa obra a la gente y, en su caso, de qué forma obtener gratificación por ella. Su curriculum nos habla nítidamente de este tenaz esfuerzo de adaptación: de la necesidad de cambio y del cambio por necesidad. Así, sus trabajos con máquina de coser o con lápiz bordador nacieron de la de la dificultad de disponer de un tiempo específico para la creación y la necesidad subsiguiente de forzar la concentración mediante un método de trabajo automático, aprovechando así los ratos muertos. Sus obras inspiradas en juegos de mesa explotaban la posibilidad de transportar en un bulto de pequeño tamaño obras que luego pudieran desplegarse sobre una superficie amplia. Su interés en el retrato, nacido, según propia confesión, porque “los artistas que manejaban el retrato con soltura no tenían problemas económicos graves”, se desarrolló mediante una esforzada instrucción en la disciplina que la llevó a tomar clases y a ejercer como copista en el museo de Bellas Artes. El gesto creativo abarca, pues, un arco amplísimo, desde la estrategia de supervivencia, pasando por el aprendizaje técnico, hasta llegar a la posibilidad de autoconocimiento y autorrealización. Lo excepcional, es, en su caso, la absoluta sinceridad y claridad con que ese proyecto es emprendido. Si en otros casos todo este cálculo cuidadoso e ilusionado de medios y fines quedaría encubierto o sublimado, Mercedes lo hace visible, pero nunca como anécdota, sino como la forma más creativa e imaginativa de afrontar un proceso de búsqueda que nunca termina.

En su actual cometido como retratista y profesora de pintura, Mercedes ha conseguido de nuevo desarrollar un sistema perfectamente organizado que trasluce su tendencia recurrente a ver el trabajo artístico como una propuesta creativa integral, capaz de originar sus propios resortes de difusión y subsistencia. Toda la mecánica está clara y es pública: las condiciones y los plazos del encargo, la forma de trabajar, el formato de las obras. Incluso el resultado final es de algún modo previsible, en la mejor tradición del retrato contemporáneo, que incorpora los aspectos repetitivos inherentes a la difusión masiva y mediática de la imagen propia. En contraste con esta estructura altamente estandarizada podemos adivinar una historia emocional de alto voltaje. Multitud de pequeños episodios que crean una trama humana por encima de la urdimbre de las reglas del encargo que se siguen como las de un juego. Nuevamente la nítida inscripción de la creatividad dentro de un marco convenido conforma, en el caso del trabajo de Mercedes como retratista, algo así como un modelo feliz, amable y posible, aparte del ruido mundano y del trajín del arte.

El proyecto

El proyecto expositivo que se propone está basado en dos temas. Por un lado se examina el carácter sistemático dentro de la obra de Mercedes Carbonell. Los cuadros pintados con máquina de escribir, los dibujos bordados, los retratos “anónimos” pintados con colores de maquillaje, los slogans esparcidos en forma de adhesivos y camisetas de la campaña “I love Mercedes Carbonell” presentan características comunes que tienen que ver con la serialidad y la repetición. Pretenden así generar un espacio para la creación que encuentra su sitio naturalmente dentro de las rutinas cotidianas. Un espacio que es, al mismo tiempo, consciencia estética de dichas rutinas y lugar dónde refugiarse de la banalidad y la alienación que éstas generan. Planteamos, por tanto, que estas obras estén representadas significativamente en el montaje.

Por otro lado, presentamos una serie de obras centrada en el retrato o, más concretamente, en el autorretrato. Algunas de estas obras se encuentran entre lo más conocido de la producción de su autora. Creemos, sin embargo, que la selección y la manera de mostrarlas aportan un nuevo punto de vista sobre el tema. Pretendemos enseñar una colección bastante ecléctica y dispersa de autorretratos, que proceden de épocas y momentos diferentes y que muestran muy diversas intenciones: desde el puro ejercicio de aprendizaje, hasta los experimentos con procedimientos y técnicas, pasando por las obras de factura clásica, en las que pesa más la reflexión sobre el concepto de la autorrepresentación o aquellas en las que la distorsión de la percepción de sí misma crea un efecto onírico, surreal o fantástico. Este corte sincrónico descubre en toda su amplitud la importancia del tema del retrato en la obra de Mercedes. Un camino iniciado como disciplina para apuntalar un oficio de pintora y que, por situarse ella misma en la posición de modelo disponible y preferente, deviene naturalmente un constante ejercicio de autoexamen y un repertorio de estrategias encaminadas a desvelar, camuflar o enaltecer (o escarnecer) la propia imagen.

Estos dos temas conforman el contexto que permite entender el trabajo actual de la autora alrededor del retrato infantil, pues es precisamente en esta última serie donde se puede apreciar una síntesis entre la actitud “sistemática” de los primeros trabajos y la reflexión sobre la representación a través del género del retrato. Un montaje intencionado pretenderá jugar con la idea de repetición, clasificación y excepción dentro de un grupo de obras muy homogéneo. Además, tal y como hemos visto anteriormente, los retratos de niños de Mercedes Carbonell se inscriben dentro de una concepción integral del proceso creativo, en la que la obtención de la imagen es causa necesaria de toda una serie de “pasos” claramente codificados y ritualizados, relativos a las condiciones del encargo e, incluso, al fin último de esas imágenes. Así pues, la exposición pretende enseñar todo ese proceso previo y posterior a la pintura. Para ello se sirve de las fotografías de Paula Alcaide, que ha documentado la ubicación definitiva de los cuadros en las casas de sus clientes. Al situar estos cuadros en un contexto doméstico, aparte de la sala de exposición, las fotos descubren una especie de naturaleza doble que los retratos poseen, en tanto que proyecto artístico intencionado, por un lado, y en tanto que “producto” o “servicio”, por otro. Estas fotografías, realizadas en blanco y negro –en abierto contraste con el amable cromatismo de los originales-, conforman así, de paso, un retrato en off (sociológico, estético) del medio social que, de alguna manera, sostiene el trabajo de la artista.

Sistema Carbonellhttp://issuu.com/mercedescarbonell/docs/sistema_carbonell

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